Un artista urbano conmovió con la escultura de un niño refugiado desde la cúpula de una iglesia

El joven artista urbano de origen español Pejac busca interpelar sobre la situación de miles de refugiados que no llegan a encontrar su destino en otros países con «Varados sin tierra», la escultura de un niño que con un chaleco salvavidas enarbola una bengala encendida.

La escultura de un niño que con un chaleco salvavidas se erige desde la cúpula de la iglesia de la Santa Cruz de Berlín, enarbolando una bengala encendida, busca interpelar sobre la situación de miles de refugiados que no llegan a encontrar su destino en otros países, según el joven artista urbano de origen español, Pejac, cuya obra de tinte político y medioambiental se observa también en las calles de Hong Kong a Nueva York, Moscú y Londres.

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El cuerpo del pequeño se sostiene erguido con la otra mano tomada de la cruz de la iglesia del barrio de Kreuzberg, en esta escultura titulada Landless Stranded «Varados sin tierra», que sugiere a los espectadores que reflexionen sobre lo que les provoca la situación de los refugiados.

«Desde el punto de vista de los migrantes he querido hacer extensible este trabajo a todas las personas que no acaban de encontrar su lugar en la sociedad», dijo el artista y relató que cuando recorría con su equipo las calles de Berlín para decidir qué tipo de obra quería hacer en la ciudad, le causó una gran impresión la iglesia de Kreuzberg.

Si bien Pejac pensó en hacer «algo más convencional», como un mural, la idea pasó a ser un proyecto mucho más ambicioso y original en este edificio de estilo gótico y construcción de ladrillo rojizo, en cuya punta, y a 60 metros de altura, aparece la escultura, desde la que dos veces al día se enciende la antorcha que porta el pequeño.

«El efecto sorpresa es una de las cosas que más me gustan del arte urbano», asegura Pejac, cuya obra en muchos casos causó estupor; en algunos, inquietud, según manifestó al diario El País.

En el proyecto participa también Sea Watch, una ONG alemana creada a finales de 2014 por un puñado de activistas que contribuyeron para evitar más tragedias en el Mediterráneo. La organización cuenta con dos buques y dos aviones para patrullar las rutas más conflictivas y rescatar a las embarcaciones en problemas.

La pastora de la congregación de esa iglesia, Marita Lessny, aseguró que, si por ella fuera, la escultura se quedaría allí arriba para siempre, «para recordarnos cada día a los muchos refugiados que arriesgan su vida en el mar», pero es posible que en pocas semanas y, según lo acordado, los operarios la retiren del lugar.

Asimismo, contó que los primeros días en que apareció la instalación algunos vecinos llamaron a la policía y a los bomberos porque creían que alguien se había subido a la cúpula de la iglesia.

«Hablamos de los refugiados en todos los servicios, ya sean en el Mediterráneo o en la frontera de Polonia. Pero es importante tener este recordatorio, esta llamada de atención», manifestó la pastora sobre la escultura.

La parroquia ha colaborado con la situación de los migrantes, inclusive cuando en 2014, el entonces Gobierno conservador de Berlín desmontó un campamento improvisado de migrantes que se había formado en Oranienplatz, en Kreuzberg, la parroquia decidió cobijar a 132 personas, la mayoría africanos, que durmieron varios días en la nave central de la iglesia hasta que les encontraron otros alojamientos.

Después los asistieron para que aprendieran alemán, les buscaron prácticas en empresas o cursos de formación hasta que la mayoría pudieron valerse por sí mismos, y a muchos de ellos, la pastora todavía los saluda todos los meses en los encuentros que se realizan en el jardín.

En los últimos 20 días, Pejac expuso una muestra integrada por sus 45 últimas obras, bajo el nombre de «Apnea», en el Napoleon Komplex, una antigua fábrica de trenes convertida en sala de exposición y de eventos, donde dio a conocer obras producidas en los últimos dos años y medio, entre las que había pinturas de gran formato, dibujos e instalaciones.

La exposición se iba a realizar en Nueva York el año pasado, pero debido a la pandemia decidió posponerla y se quedó en Europa.

Durante el encierro Pejac, un artista enigmático que oculta su nombre real y otros datos biográficos, lanzó una iniciativa en redes sociales llamada Stay Art Home en la que invitaba a recrear sus dibujos en las ventanas de las casas de los participantes.

La iniciativa se hizo viral y se sumaron un millar de personas de 50 países, mientras que en septiembre del año pasado el artista, que también se dedica a hacer grafities, pintó tres murales en el hospital de Valdecilla, en su ciudad natal, Santander, a modo de agradecimiento con médicos y enfermeros por su trabajo durante la pandemia.

La obra de Pejac, siempre reivindicativa, apareció también en cárceles como la de El Dueso, en Cantabria, donde los reclusos le ayudaron a terminar tres murales.

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