Sáenz Peña: Sol, lecturas y chocolate

Una siesta luminosa y un barrio del oeste saenzpeñense que nos recibe, por primera vez, en su capilla.

Marianela, la muchacha encargada de la convocatoria a los niños, nos recibe y cuenta que la capilla costó construirla porque cada vez que se levantaban las paredes se caían. La cuestión, es que ahora, es un gran edificio en la inmensidad de ese patio limitado por callecitas internas que llevan a lo más alejado del barrio Nuevo.
Algunos chicos saludan a la distancia y lentamente van acercándose.
Un grupo de mujeres y hombres prepara el chocolate que esperará a los niños luego de las lecturas.
Picu, Vanina y Alicia, nuestra lectora debutante, se quedan conversando con esa gente apasionada con el trabajo para los demás. Sus historias de luchas y necesidades en ese entorno vulnerable nos llena de emoción.
Los muchachos del sonido municipal instalan sus equipos en un sitio abierto, a la vera de la capilla. La magia de la lectura está próxima a iniciarse.
Los chicos que fueron arrimándose ya son más de veinte. Están entre tímidos y curiosos. Se sientan en grupitos de a dos o tres. Y esperan que algo pase.
Picu se levanta, toma el micrófono, y lee un cuento de Elsa Bonermann. Por una hora y algo más, de la mano de Nicolás Guillen, Luis Pescetti , Gustavo Roldán y María Elena Walsh, la tarde de ese día de frío histórico se vuelve aún más luminosa y colorida.
El Plan de Lectura Municipal deberá volver a ese rincón de la ciudad urgido de todo. Es un compromiso asumido entre esa gente que quiere que no nos vayamos. El chocolate está listo, nos convidan y aceptamos, también el pan de leche partido al medio parece más rico en ese ámbito amistoso rodeados de gente buena.
Una tarde que termina y una fe que se renueva. La vida con libros siempre será más grata.

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