«Entre el campo y el PJ nacional hay una ideología que está estorbando una relación que podría ser positiva»

Hay muchos discursos sobre el campo, aunque pocos muestran sapiencia. Se ha tratado tanto el tema, sobre todo desde 2008, que hoy lograr una definición certera del sector parece imposible. 

Sin embargo, no lo es. El politólogo cordobés Federico Zapata, experto en comunicación y director de la Consultora Escenarios, trazó un amplio panorama en un ensayo publicado días atrás en la revista Panamá. 

Allí, Zapata plantea el problema de la comunicación entre el peronismo nacional -hoy en el Gobierno- y el campo, y destacó al PJ cordobés como un ejemplo que puede servirle a Alberto Fernández y su administración para recomponer la relación. Sobre todo, en épocas de expropiación y Vicentin.

  • Productores cordobeses y del país protestan contra la expropiación de Vicentin

-¿Qué es el campo hoy?

-El campo en Argentina tiene hoy al menos cuatro componentes. Dos son parte del sector más dinámico. Por un lado, pequeños y medianos productores que lograron sobrevivir a la transformación rural de la década del ’90, que están básicamente articulados en sistemas cooperativos, y que están localizados en la provincia de Buenos Aires, Córdoba, una partecita de Entre Ríos, otra de La Pampa y en Santa Fe. Y por el otro, tenés la emergencia de las grandes empresas agropecuarias. Algunas que ya venían y se consolidaron, como el caso de AGD, y otras que en la transformación de los ’90, donde algunos productores no lograron sostenerse, compran y alquilaron esas tierras. Y luego están dos fenómenos más marginales, pero que también disputan el sentido de lo que es el «campo». Primero, los pequeños productores de subsistencia, de agricultura familiar, que se ubican desde Jesús María hacia el norte del país. Ellos se organizan en movimientos más de tipo político de resistencia. Y el cuarto es otro sector que también tiene mucha influencia en el discurso nacional, conformado por algunas cooperativas que se han ido construyendo, básicamente, con inmigrantes bolivianos alrededor de los cordones bonaerenses. Son cooperativas hortícolas que se dedican a abastecer el mercado interno. Pero que en ese abastecimiento son los que han empezado a construir la idea de la soberanía alimentaria y de la agricultura puesta al servicio de la alimentación. Así, tenemos dos sectores más dinámicos e internacionalizados; y dos, marginales periféricos, pero con mucha influencia política.

– ¿Por qué el campo y el peronismo nacional no pueden dialogar?

– Mi hipótesis de trabajo tiene que ver con que, después del menemismo, el peronismo empieza un proceso de «bonaerización», de «ambarización». Se empieza a nutrir desde tres grandes epicentros geográficos. Por un lado, la provincia de Buenos Aires, con el primero, segundo y tercer cordón. Referentes y militantes políticos con una mirada muy industrial, que es la realidad con la que han crecido. Por el otro, peronistas de la Capital Federal, que desconocen el fenómeno agropecuario. Y una tercera vertiente que es la patagónica, que ha sido muy importante a partir del gobierno de Néstor Kirchner: expertos en temas energéticos, pero que también desconocen al sujeto agropecuario. Esa conformación de la coalición del PJ nacional, desde Duhalde a esta parte, tiene un origen geográfico muy alejado de la realidad del campo. En momentos de tensión del discurso, lo que hicieron esos sectores es apelar a herramientas cognitivas desde el peronismo clásico, formado desde el ’45. Cuando la realidad agropecuaria hoy no tiene absolutamente nada que ver con eso. Herramientas cognitivas muy dañinas para el debate y para la construcción de la relación porque son estigmatizantes, y deformantes.

«Después del menemismo, el peronismo empieza un proceso de ‘bonaerización’, de ‘ambarización'».

– Sin un relato actualizado del campo, decís que pierden los moderados y ganan los radicalizados.

– Claro. Si el peronismo se comunica mal con el campo, cuando gobierna, y por lo tanto no logra una articulación virtuosa con la representación gremial, los sectores que son menos dialoguistas, de los dos lados, terminan primando. Empiezan a aparecer, por ejemplo, los «autoconvocados» que le dicen a sus gremialistas que son «muy blandos». Y en el Gobierno nacional le pasa lo mismo a los que buscan el diálogo. Tanto el Gobierno debe reconciliarse con el campo, como al revés porque, si no, lo que vamos a vivir es una profundización de estas «tribus» que no se comunican, que generan discursos autovalidantes, agresivos, que terminan lamentablemente con efectos contrarios a los buscados.

  • Vicentin: fisuras en el Frente de Todos

– Pero hay un peronismo que sí puede dialogar e incluir al campo: el de Córdoba. ¿Qué diferencia al PJ cordobés del nacional?

– Desde el punto de vista sociológico, el cordobés es un peronismo que convive con el campo, que conoce de lo que está hablando. Actores como (Eduardo) Accastello o como el gobernador (Juan Schiaretti) conocen de lo que están hablando. En el peronismo cordobés, la tradición cognitiva, la meta-teoría del peronismo clásico del ’45, tiene menos penetración. Evidentemente, tiene una forma de abordaje empírico del problema. En primer lugar, muy inteligente y en sus orígenes, cuando el peronismo gana la provincia de Córdoba, (José Manuel) De la Sota y Schiaretti comprenden que el campo podía ser parte. Porque incluía una burguesía realmente existente, anclada al tema agropecuario que, desde los ’90, había comenzado a disolver la diferencia entre campo e industria. El agronegocio incluye tanto lo agropecuario como lo industrial, con maquinaria, con servicios. Ellos (por el peronismo) ven ahí que el campo, en lugar de ser el enemigo tradicional, podía ser parte de un proceso de desarrollo. Y lo que hacen es, a través de la economía del conocimiento -un marco conceptual muy de la década de los ’90-, construir un puente entre el campo, la industria y los servicios. Es una experiencia sumamente enriquecedora porque logra resolver, incluso mejor que el PJ de Santa Fe (que tiene más tensiones), un sistema de comunicación y de gestión muy virtuoso. El campo tradicionalmente ha sido conservador y por lo tanto, poco amigo de lo radical. Eso lo vio el peronismo de Córdoba, que dijo: «Acá tenemos un desclasado políticamente con el que podemos interactuar».

«En el PJ cordobés, la meta-teoría del peronismo clásico del ’45, tiene menos penetración». 

– En Córdoba, el campo se ha identificado con Mauricio Macri, quien no tiene relación de origen con sectores agropecuarios clásicos. ¿Por qué?

– Hay varias cosas jugando ahí. La última etapa del peronismo, entre 2010 y 2015 desde el conflicto con el campo, genera una grieta muy profunda desde el punto de vista de la comunicación, del antagonismo político. Y en ese aspecto, el macrismo leyó esa grieta muy inteligentemente y construyó un relato y una interlocución con un sector que se sentía maltratado. El macrismo los incluyó. En segundo lugar, el macrismo es un actor que, si bien está atravesado por las culturas del radicalismo y el peronismo, trascendiende estas dos fronteras lo que le permitió tener una muy buena comunicación, por fuera de las intermediaciones políticas. Tuvo una comunicación directa con el sector. Y en tercer lugar, por fuera de los problemas de gestión que tuvo, obviamente llevó a la elección una plataforma de gobierno para el sector. Aclaro: la del campo no se trata de una identidad rígida. El sector se sintió interpelado por un programa de gobierno y por un diálogo que le planteó el macrismo, que el peronismo también le ha planteado en algunas coyunturas históricas. Hablás con cualquier productor del campo y te hablan muy bien de (Eduardo) Duhalde, de Roberto Lavagna… Incluso le fue muy bien a Kirchner electoralmente.

– También a Cristina en 2011…

– Porque el sujeto agropecuario es muy pragmático. Su preocupación es trabajar, invertir y que le vaya bien. Por eso digo que acá hay una ideología que está estorbando una relación que podría ser perfectamente positiva.

– Afirmás que la regulación a un sector tan dinámico aumenta la desconfianza. ¿Lo de Vicentin puede ahondar las diferencias?

– Sí. El campo es un sector dinámico. Un mercado que funciona muy bien en la Argentina. Es un sector al que las regulaciones no le han resultado. Tienen un historial sobre eso. Por ejemplo, con el esquema de la segmentación de las retenciones, que terminó siendo engorroso, con trámites que había que cargar, donde nunca le devolvían la plata… O el tema de la ROE. Por eso, es un sector que prefiere que el Estado lo acompañe, pero a través de inversión pública y de inversión en bienes públicos, como rutas y caminos. En Córdoba, han entendido cómo aliarse con ese sector, donde lo del Estado no es necesariamente una intervención. Al campo, el primer acto del Gobierno nacional sobre Vicentin, cuando se presentó la intervención y la soberanía alimentaria, no le ha caído bien. Pero, por lo que vengo escuchando, el Gobierno viene haciendo una lectura de esta situación y viene tratando de construir una herramienta superadora. Leí el proyecto de Lavagna y me parece bastante inteligente. Porque, obviamente, a Vicentin hay que darle una salida. Claramente hubo una situación muy cuestionada y hay productores endeudados. Es una muy buena oportunidad para el peronismo, para darle una salida positiva para el país. Una salida eficiente desde el punto de vista de la gestión nacional y también, que le permita construir un puente de diálogo con el sector.

-En la campaña, Alberto Fernández dijo que no cometería el mismo error que en 2008 y que dialogaría. Pero ahora, hasta el ministro de Agricultura dijo no conocer el proyecto. Esa disonancia congnitiva hace que sea complicado una reconciliación.

– Sí, de acuerdo. Sobre todo porque la primera conferencia (sobre Vicentin) fue apurada y tuvo un mal encuadre. Obviamente, pueden existir cosas que uno no sabe… Creo que el Gobierno podría haber empezado sentándose con los acreedores de Vicentin. Si es un problema estratégico, siempre te va a enriquecer sentarte a hablar con los protagonistas. Pero repito: así como el campo tiene que mirar con menos desconfianza al PJ nacional, el PJ nacional debe hacer lo mismo. Buscar interlocutores válidos y tomar decisiones más inteligentes. 

  • Duro mensaje del campo y los empresarios para Schiaretti

-La medida parece tener un problema: apunta a salvar al pequeño productor, pero sin embargo termina generando un enfrentamiento con ese sector.

– Coincido. Pero siento que hubo en el Gobierno, desde la primera conferencia hasta hoy, un replanteamiento de la estrategia. Y eso tiene que ver con que están viendo que la primera foto fue desacertada. Porque además, el Gobierno va a necesitar a los productores.

CAMPO. En Córdoba, según Zapata, el PJ entendió cómo hablarle al campo. (Ramiro Pereyra)
MACRI. Juntos por el Cambio recibió mucho apoyo de los cordobeses en 2019. (José Gabriel Hernández)
VICENTIN. Para Zapata, el primer acto del Gobierno sobre Vicentin fue apresurado. (Presidencia)
PROTESTA. Imagen de una de las últimas protestas del campo contra el Gobierno. (Ramiro Pereyra)
VICENTIN. Para Zapata, el primer acto del Gobierno sobre Vicentin fue apresurado. (Presidencia)
CAMPO. En Córdoba, según Zapata, el PJ entendió cómo hablarle al campo. (Ramiro Pereyra)
MACRI. Juntos por el Cambio recibió mucho apoyo de los cordobeses en 2019. (José Gabriel Hernández)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *