Buenos Aires: Una mujer denunció a su tío por haber abusado de ella cuando era una nena: un juez quiere que se lo juzgue como a los genocidas

Patricia Aguirre acusó a un familiar por violaciones ocurridas entre 1990 y 1995. Como el delito prescribió por el paso del tiempo, un juez de Lomas de Zamora decidió que se realice un “juicio por la verdad”, algo que se hizo contra los responsables de los delitos de lesa humanidad de la última dictadura hasta 2004.

Las formas que Patricia Aguirre había encontrado para sobrevivir al infierno interior se derrumbaron a los 32 años. El temblor que tiró abajo la mampostería emocional fue el principio y el final de la vida: el nacimiento de su hija y la muerte de su tía. Hasta ese punto en la línea de tiempo de sus días, ella había podido “normalizarse”: estudió, formó una pareja y quedó embarazada, como tantas otras chicas. Para afuera, para los otros, no había nada que llamara la atención. El caos estuvo dormido en algún lugar de su memoria y de su conciencia hasta que dos años atrás la mujer logró decir algo que tenía atragantado desde los 5 años: “Mi tío abusó sexualmente de mí”.

Aguirre desató una catástrofe en la familia. El acusado la había criado prácticamente como un padre. Casi todos los involucrados en la familia desacreditaron su versión. Patricia se quedó sola, con su compañero, sus padres y nadie más. Entonces fue a la Justicia contra Manuel Romero, plomero y gasista de 62 años, aun cuando sabía que la Justicia podía rechazar su acusación porque se había vencido el plazo previsto para hacer la denuncia (12 años a partir de la mayoría de edad de la víctima).

Sin embargo, su caso podría generar un precedente hasta ahora inédito y cambiar el curso de las cosas. Es que Gabriel Vitale, titular del Juzgado de Garantías 8 de Lomas de Zamora, desoyó el pedido de prescriptibilidad del expediente elevado por la defensa del acusado y decidió que la causa siga su curso hacia el juicio contra la víctima bajo el procedimiento de un “juicio por la verdad”. Para el juez, el Estado tiene la obligación de investigar para reparar aunque sea de manera simbólica el delito.

La propuesta de juicio por la verdad está inspirada en la forma que encontró la Justicia argentina para resolver las causas por delitos de lesa humanidad durante la última dictadura en el país entre 1994 y 2004, cuando la Suprema Corte definió que estos hechos no tenían fecha de vencimiento jurídica.

Vitale consideró que, como en aquellos años después de la atrocidad cometida por el gobierno militar, es primordial garantizar que las víctimas de atentados a sus derechos fundamentales tengan la posibilidad concreta de conocer los hechos y, con eso, acceder a un proceso que les asegure investigar la verdad. Aunque en ese caso, de llegarse al debate oral y aunque el acusado sea encontrado culpable, no habría pena efectiva.

“Es importante por un proceso individual pero creo que es una lucha colectiva y son voces que tienen que tener la institucionalización de la Justicia. Prescribió la causa, pero es un fin colectivo. El Estado a través de la Justicia tiene que hacer historia”, remarcó Patricia Aguirre, 36 años, a Infobae.

La defensa de Romero apeló el fallo de Vitale. La decisión de continuar hacia el juicio o de garantizar la impunidad -eventualmente- del abusador quedó en manos de los jueces de la Sala 1 de la Cámara de Apelación Penal de Lomas de Zamora, Guillermo Rolón, Miguel Navascues y Miguel Alberdi, quienes deberían expedirse en los próximos días.

La causa sobre abuso sexual de niños se inició 2 de julio de 2019. Patricia dejó su testimonio en la fiscalía especializada en abuso sexual: “Me tocaba la vagina, el cuerpo, también me ponía su pene en mi boca y hacía que le toque sus genitales. Me metía en la habitación de él, que compartía con mi tía, o me llevaba a modo de paseo en su camioneta donde yo le practicaba a él sexo oral”.

Los hechos que Patricia denunció ocurrieron entre 1990 y 1995 en la casa familiar del Barrio Gorriti, en Glew, Partido de Almirante Brown. Allí ella vivía con su mamá Mónica y su abuela y en el mismo terreno, al fondo, tenían la casa el acusado, su esposa (hermana de Mónica) y sus hijos. Pero los abusos siguieron cuando Aguirre y su madre se mudaron a San Vicente. «Tengo recuerdos siempre de la habitación de la casa de Manuel y de la claridad que entraba en su ventana, como que los hechos ocurrían en hora de la siesta o en su camioneta en hora de la noche”, relató a la Justicia.

“El estaba presente siempre. En todo lo que era la vida familiar. En todas las reuniones y los cumpleaños. Y yo tenía una distancia que se diluía en una familia numerosa. Eramos 50. Y él era una persona muy caracterizada: introvertido, callado, provinciano. Nunca charlaba con nadie. Pero yo era muy pegada a él, incluso en la familia cuando yo era chiquita decían que yo era su novia”, comenta ahora, con el peso de las palabras asumido.

La angustia de ser madre, la imposibilidad de amamantar a su hija y la muerte de su tía, la esposa del abusador y la hermana de su madre, reacomodaron la mente de Patricia. “Fui mamá y a partir de ahí se empezaron a despertar muchas preguntas que me llevaron a terapia, a pedir ayuda profesional, con trabas que tenía. Y mi tía fallece y algo ocurre en mí como para que haga esta exposición. Mi tía era la comandante de la familia, era la mayor de las hermanas y heredó esa cosa matriarcal de mi abuela. Era como el dedo señalador, ella era la justicia en la familia”, cuenta Patricia.

Pero la tía se murió y a dos meses después, Aguirre pudo sacar de la habitación del psicoanálisis un tema que ardía en su interior. “Yo quería resolverlo en cuatro paredes. No se me pasó hablar fuera de la terapia, pero el proceso interno fluye y terminé teniendo que decirlo. No soportaba criar a mi hija en ese ambiente de silencio y mentira, hay otros chiquitos en la familia y era mucho. Estaba mucho en juego. Había un círculo que cortar”, explica.

En la causa dio su testimonio, Andrea Fabiana Vilches, la psicoanalista de Aguirre. «Este escenario de abusos ha colaborado en su trauma infantil, que se presentifica hoy un abuso intrafamiliar perpetuado en el tiempo”, declaró.

Fuente: Infobae

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